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Pinceladas de mi Juventud

jmurse1 | 28 Agosto, 2008 11:48

Quizás sea la época de estudiante una de las más recordadas de nuestra vida. A la que se vuelve de vez en cuando con el pensamiento y es para dibujar casi siempre una sonrisa en nuestra cara al recordar las vivencias. Dicen que con la edad se puede volver a capas más profundas de nuestro cerebro, a las que antes no teníamos acceso y allí grabadas hay muchas vivencias, muchas aventuras. Entonces será ahora que desde la madurez, vuelvo a rememorar y a hilar mis recuerdos, mis aventuras.
Es en ese momento cuando más amistades cultivamos y donde tendremos nuestros amigos “de toda una vida”. Amigos que aunque hayamos compartido mucho en el pasado, ahora bien podrían pasar a nuestro lado y no saludarnos, y ser como auténticos desconocidos.
Son días en lo que todo nos marca, vicisitudes en los estudios, vivencias con los compañeros y mucho más. Nos estamos formando como adultos y casi no nos damos cuenta, ahí se afianzan nuestra personalidad y también nuestros miedos.
Dicen que con la edad se puede volver a capas más profundas de nuestro cerebro, a las que antes no teníamos acceso y allí grabadas hay muchas vivencias, muchas aventuras. Entonces será ahora que desde la madurez, vuelvo a rememorar y a hilar mis recuerdos, mis aventuras.
Entre ellos está como no, mi amigo “Camión”.
El típico amigo bonachón, que cae bien, y con quien se pasan ocurrentes historias

Camión Bonachón
Bonachón, deportista, bromista, buena gente, así era nuestro amigo “Camión”.
Cuando alguno de la promoción, se acuerda de esos años, debe sonreír al recuerdo de José Luís. Se ganó el apelativo de “Camión” pues era alto, grueso, y supongo, que se pensaba que si alguien se le cruzaba en su camino lo arrollaba.
Fue uno de mis mejores amigos del colegio, y pasamos con él muchas peripecias.
En el salón de clases, siendo bromista como era, no todos le podían decir su apelativo porque lo respetaban. “Camión” era sólo para los amigos. Con él y otro amigo, Ricardo, fuimos a un encuentro evangelista. A esos campamentos que duran de 2 a 3 días y que se dan para que los jóvenes se encuentren con Dios.
“Camión” se sentía un don Juan, y no había chica que se escapará de sus halagos; y a veces, llegaba a “sacrificarnos” con bromas sobre nosotros, con tal de sobresalir y ser admirado por las muchachas.
En si, a “Camión” y a todo el grupo nos interesaba más que el encuentro religioso, las chicas que iban. La primera tarde del campamento, nos encontrábamos aburridos por tanto rezo, y optamos por hacer una escapada. Fuimos a un pueblecito a tomar cerveza en un bar.

No sé como se enteró el Pastor y envió a un chico a llamarnos. Embriagados y asustados, corrimos al campamento, donde se estaba dando una ceremonia religiosa. Nos unimos a los cánticos y en un momento, el orador solicitó que saliesen a su encuentro aquellos que habían sido tocados por Jesucristo y que querían unirse a la congregación; el resto, llegado el momento de la petición, tenía que agachar la cabeza y cerrar los ojos. Sin embargo, nosotros mirábamos de reojo quienes eran “los tocados por Dios”; nos sorprendió y no podíamos soportar la risa: uno de los que estaba delante era el amigo “Camión”.
Luego le pedimos explicaciones en broma, y borracho como estaba, nos dijo que había “sentido algo raro” que le había obligado a salir. Pues nadie le creyó porque tenía fama de “figuretti”.
Al segundo día, “Camión” nos animó a salir al campo, fuera del campamento, y nos fuimos a explorar. A nuestro paso, los campesinos se metían en sus casas, y nosotros seguíamos admirando la belleza a nuestro alrededor. Habían naranjales y empezamos a recoger naranjas y al probarlas, saboreamos lo dulces y agradables que eran. Entonces, sé nos ocurrió llevarnos unas cuantas, envolviéndolas en nuestras casacas.
Volvimos al campamento y al entrar, nos estaban esperando los religiosos, ya que los campesinos les habían avisado. Nos quitaron todo y nos dijeron que habíamos estado robando a los campesinos.
En verdad nosotros no lo sentíamos así; teníamos la irresponsabilidad de los años jóvenes. Nos amenazaron que si nos encontraban en otra situación igual, nos retiraban del campamento.
Ese día, después de “nuestro encuentro con la naturaleza”, nuestro amigo “Camión” nos comentó que ya había logrado conversar con Laurita. Nos burlamos de él, porque para nosotros era imposible que ella le hiciera caso.
A propósito, Laurita era la hija del pastor. Una muchachita de 16 años, que apabullaba con su belleza y era capaz de quitar el habla. Su mirada era tímida, y obedecía a su padre en todo. A leguas se notaba que el Pastor estaba orgulloso de ella, su única hija.
Sin embargo, “Camión” nos dio una sorpresa, al decirnos que Laurita ya era su enamorada. ¿Qué artes había esgrimido nuestro amigo para conquistarla y en tan corto tiempo? Supongo yo, que su carácter bonachón, sus bromas, el creerse y ufanarse deportista, a pesar de su sobrepeso.
Terminó el encuentro religioso y también nuestras vacaciones, y de nuevo al colegio....era nuestro último semestre.
El amigo “Camión” siguió frecuentando la Iglesia Evangelista, y nosotros sabíamos que no era porque se estaba entregando a la “causa de Dios” sino por Laurita. Ya no era el mismo “Camión” de antes; se había convertido en un tipo centrado, se le habían acabado las bromas; él que era algo descuidado en su vestir, empezó a cambiar.
Cuatro meses después del encuentro religioso, nos contó lo que había pasado, Laurita estaba embarazada de 2 meses, y no sabían que hacer. Ella tenía miedo de la reacción de su padre, y “Camión” había conversado con su mamá, quien después de recriminarle y llorar le dijo que vaya a ver a su padre, que por lo menos ahora tenga en cuenta que tiene un hijo. Su padre, le dio una salida, que trabaje con él para mantener a la criatura que viene. Los padres de “Camión” estaban separados.
Era la comidilla del colegio lo que estaba ocurriendo con “Camión”.
Nos contó “Camión” que su padre llamó al Pastor y quedaron en reunirse. Supongo que el Pastor intuía que era por su hija, ya que sabía que estaba saliendo con José Luís, así lo conocía a “Camión” y ya ella había dejado de ser la chica obediente de otros tiempos.
Nos contó “Camión” que su papá y el fueron el día de la cita, a la casa del Pastor; quien estaba acompañado de Laurita.
Al conocer el motivo de la entrevista, el Pastor miró intensamente a “Camión”, quien sintió que el frío le recorría por su cuerpo; los ojos del Pastor brillaban, haciendo esfuerzos por no derramar una lágrima. Laurita, presente también, no se atrevía a mirar a su padre y sólo optaba por mirar a “Camión”, diciéndole con los ojos: “¿qué hemos hecho? “.
No obstante, el Pastor, recuperado ya del golpe, señaló que una criatura de Dios debe ser siempre bienvenida, y él como religioso no se podría oponer a los designios del Señor.
El acuerdo fue que se casasen a la usanza evangelista, y que vivieran bajo el amparo del Pastor. “Camión”, terminado el colegio iba a trabajar con su padre y al mismo tiempo, postular a las Fuerzas Policiales.
Terminamos la secundaria, y no supe más del famoso “Camión”.
Mi amigo, compañero de correrías, ya tenía otras responsabilidades.
Hace un par de años, lo vi en la calle. Estaba vestido de policía, era un sargento corpulento.
Nos alegramos de vernos. Me contó que tenía 2 hijos con Laurita. Que estaba por recibirse de Contador. Le pasaba lo que a todo policía peruano, lo que ganaba no le alcanzaba, por eso tenía que ocupar sus horas libres en otros trabajos. Nos reímos, recordando lo que habíamos pasado.
Pasada media hora, los grandes amigos del colegio, ya no tenían nada que contarse y optaron por despedirse. Nos comprometimos a encontrarnos, tomar un trago, pero ninguno de los dos, pidió un teléfono para llamarse. El tiempo nos había distanciado, sólo teníamos una parte del pasado en común.
Después de ese encuentro tuvimos otro; una vez más nos encontramos en la calle, nos miramos y los dos seguimos caminando como si no nos conociéramos.
¡Cosas de la vida!
El tiempo ha hecho que esta amistad sea un recuerdo grato pero que pertenece ya al pasado.
Revisa: http://www.lulu.com/content/2559148
Hay más historias para ti...

Pinceladas de mi Juventud

jmurse1 | 24 Mayo, 2008 21:02

Quizás sea la época de estudiante una de las más recordadas de nuestra vida. A la que se vuelve de vez en cuando con el pensamiento y es para dibujar casi siempre una sonrisa en nuestra cara al recordar las vivencias. Dicen que con la edad se puede volver a capas más profundas de nuestro cerebro, a las que antes no teníamos acceso y allí grabadas hay muchas vivencias, muchas aventuras. Entonces será ahora que desde la madurez, vuelvo a rememorar y a hilar mis recuerdos, mis aventuras.
Es en ese momento cuando más amistades cultivamos y donde tendremos nuestros amigos “de toda una vida”. Amigos que aunque hayamos compartido mucho en el pasado, ahora bien podrían pasar a nuestro lado y no saludarnos, y ser como auténticos desconocidos.
Son días en lo que todo nos marca, vicisitudes en los estudios, vivencias con los compañeros y mucho más. Nos estamos formando como adultos y casi no nos damos cuenta, ahí se afianzan nuestra personalidad y también nuestros miedos.
Dicen que con la edad se puede volver a capas más profundas de nuestro cerebro, a las que antes no teníamos acceso y allí grabadas hay muchas vivencias, muchas aventuras. Entonces será ahora que desde la madurez, vuelvo a rememorar y a hilar mis recuerdos, mis aventuras.
Entre ellos está como no, mi amigo “Camión”.
El típico amigo bonachón, que cae bien, y con quien se pasan ocurrentes historias

Camión Bonachón
Bonachón, deportista, bromista, buena gente, así era nuestro amigo “Camión”.
Cuando alguno de la promoción, se acuerda de esos años, debe sonreír al recuerdo de José Luís. Se ganó el apelativo de “Camión” pues era alto, grueso, y supongo, que se pensaba que si alguien se le cruzaba en su camino lo arrollaba.
Fue uno de mis mejores amigos del colegio, y pasamos con él muchas peripecias.
En el salón de clases, siendo bromista como era, no todos le podían decir su apelativo porque lo respetaban. “Camión” era sólo para los amigos. Con él y otro amigo, Ricardo, fuimos a un encuentro evangelista. A esos campamentos que duran de 2 a 3 días y que se dan para que los jóvenes se encuentren con Dios.
“Camión” se sentía un don Juan, y no había chica que se escapará de sus halagos; y a veces, llegaba a “sacrificarnos” con bromas sobre nosotros, con tal de sobresalir y ser admirado por las muchachas.
En si, a “Camión” y a todo el grupo nos interesaba más que el encuentro religioso, las chicas que iban. La primera tarde del campamento, nos encontrábamos aburridos por tanto rezo, y optamos por hacer una escapada. Fuimos a un pueblecito a tomar cerveza en un bar.

No sé como se enteró el Pastor y envió a un chico a llamarnos. Embriagados y asustados, corrimos al campamento, donde se estaba dando una ceremonia religiosa. Nos unimos a los cánticos y en un momento, el orador solicitó que saliesen a su encuentro aquellos que habían sido tocados por Jesucristo y que querían unirse a la congregación; el resto, llegado el momento de la petición, tenía que agachar la cabeza y cerrar los ojos. Sin embargo, nosotros mirábamos de reojo quienes eran “los tocados por Dios”; nos sorprendió y no podíamos soportar la risa: uno de los que estaba delante era el amigo “Camión”.
Luego le pedimos explicaciones en broma, y borracho como estaba, nos dijo que había “sentido algo raro” que le había obligado a salir. Pues nadie le creyó porque tenía fama de “figuretti”.
Al segundo día, “Camión” nos animó a salir al campo, fuera del campamento, y nos fuimos a explorar. A nuestro paso, los campesinos se metían en sus casas, y nosotros seguíamos admirando la belleza a nuestro alrededor. Habían naranjales y empezamos a recoger naranjas y al probarlas, saboreamos lo dulces y agradables que eran. Entonces, sé nos ocurrió llevarnos unas cuantas, envolviéndolas en nuestras casacas.
Volvimos al campamento y al entrar, nos estaban esperando los religiosos, ya que los campesinos les habían avisado. Nos quitaron todo y nos dijeron que habíamos estado robando a los campesinos.
En verdad nosotros no lo sentíamos así; teníamos la irresponsabilidad de los años jóvenes. Nos amenazaron que si nos encontraban en otra situación igual, nos retiraban del campamento.
Ese día, después de “nuestro encuentro con la naturaleza”, nuestro amigo “Camión” nos comentó que ya había logrado conversar con Laurita. Nos burlamos de él, porque para nosotros era imposible que ella le hiciera caso.
A propósito, Laurita era la hija del pastor. Una muchachita de 16 años, que apabullaba con su belleza y era capaz de quitar el habla. Su mirada era tímida, y obedecía a su padre en todo. A leguas se notaba que el Pastor estaba orgulloso de ella, su única hija.
Sin embargo, “Camión” nos dio una sorpresa, al decirnos que Laurita ya era su enamorada. ¿Qué artes había esgrimido nuestro amigo para conquistarla y en tan corto tiempo? Supongo yo, que su carácter bonachón, sus bromas, el creerse y ufanarse deportista, a pesar de su sobrepeso.
Terminó el encuentro religioso y también nuestras vacaciones, y de nuevo al colegio....era nuestro último semestre.
El amigo “Camión” siguió frecuentando la Iglesia Evangelista, y nosotros sabíamos que no era porque se estaba entregando a la “causa de Dios” sino por Laurita. Ya no era el mismo “Camión” de antes; se había convertido en un tipo centrado, se le habían acabado las bromas; él que era algo descuidado en su vestir, empezó a cambiar.
Cuatro meses después del encuentro religioso, nos contó lo que había pasado, Laurita estaba embarazada de 2 meses, y no sabían que hacer. Ella tenía miedo de la reacción de su padre, y “Camión” había conversado con su mamá, quien después de recriminarle y llorar le dijo que vaya a ver a su padre, que por lo menos ahora tenga en cuenta que tiene un hijo. Su padre, le dio una salida, que trabaje con él para mantener a la criatura que viene. Los padres de “Camión” estaban separados.
Era la comidilla del colegio lo que estaba ocurriendo con “Camión”.
Nos contó “Camión” que su padre llamó al Pastor y quedaron en reunirse. Supongo que el Pastor intuía que era por su hija, ya que sabía que estaba saliendo con José Luís, así lo conocía a “Camión” y ya ella había dejado de ser la chica obediente de otros tiempos.
Nos contó “Camión” que su papá y el fueron el día de la cita, a la casa del Pastor; quien estaba acompañado de Laurita.
Al conocer el motivo de la entrevista, el Pastor miró intensamente a “Camión”, quien sintió que el frío le recorría por su cuerpo; los ojos del Pastor brillaban, haciendo esfuerzos por no derramar una lágrima. Laurita, presente también, no se atrevía a mirar a su padre y sólo optaba por mirar a “Camión”, diciéndole con los ojos: “¿qué hemos hecho? “.
No obstante, el Pastor, recuperado ya del golpe, señaló que una criatura de Dios debe ser siempre bienvenida, y él como religioso no se podría oponer a los designios del Señor.
El acuerdo fue que se casasen a la usanza evangelista, y que vivieran bajo el amparo del Pastor. “Camión”, terminado el colegio iba a trabajar con su padre y al mismo tiempo, postular a las Fuerzas Policiales.
Terminamos la secundaria, y no supe más del famoso “Camión”.
Mi amigo, compañero de correrías, ya tenía otras responsabilidades.
Hace un par de años, lo vi en la calle. Estaba vestido de policía, era un sargento corpulento.
Nos alegramos de vernos. Me contó que tenía 2 hijos con Laurita. Que estaba por recibirse de Contador. Le pasaba lo que a todo policía peruano, lo que ganaba no le alcanzaba, por eso tenía que ocupar sus horas libres en otros trabajos. Nos reímos, recordando lo que habíamos pasado.
Pasada media hora, los grandes amigos del colegio, ya no tenían nada que contarse y optaron por despedirse. Nos comprometimos a encontrarnos, tomar un trago, pero ninguno de los dos, pidió un teléfono para llamarse. El tiempo nos había distanciado, sólo teníamos una parte del pasado en común.
Después de ese encuentro tuvimos otro; una vez más nos encontramos en la calle, nos miramos y los dos seguimos caminando como si no nos conociéramos.
¡Cosas de la vida!
El tiempo ha hecho que esta amistad sea un recuerdo grato pero que pertenece ya al pasado.
Hay más historias para ti...

 

La Gran Marcha

jmurse1 | 13 Septiembre, 2007 18:43

 

Nadie faltó. Todos querían participar. Cansados ya del dictador, querían a toda costa recuperar las libertades perdidas.

 

¿Y cómo llegaron a este punto?

¿por qué esperaron tanto tiempo para darse cuenta de que deberían hacer algo?

¿cómo empezó todo?

 

Cuando tomó el poder, todos salieron a aplaudirlo, a apoyarlo y a enfrentar a sus enemigos.

 

Era un gobierno del pueblo y para el pueblo, que enfrentaba a los ricos y a sus abusos.

 

Cuando se enteraban que deportaban a un político, cuando desaparecían a un poeta, cuando caía en prisión un personaje; era el precio de  la revolución, todos los corruptos tienen ese final.

 

Las calles empezaron a llenarse de militares y se formaban milicias muy bien armadas, para enfrentar a los contrarrevolucionarios. A estos enemigos, sólo les esperaba la cárcel, el juzgamiento.

 

Y las noticias del extranjero empezaban a ser calladas, hablaban de dictadura , que no se respetaban las libertades. No quedaba más remedio, para los revolucionarios que cortar ese tipo de comunicaciones, prohibiéndolas porque carcomían la revolución.

 

Y así los medios de comunicación dejaron de pertenecer a privados, y pasaban al control de la revolución. Ahora eran medios de comunicación al servicio del pueblo, esto es el medio donde el líder de la revolución se dirigía a su pueblo.

 

Se estatizaban empresas, todo pasaba a manos del gobierno.

 

La gente más pobre recibía alimentos en lugares ubicados estratégicamente y estaban felices….no necesitaban más.

 

Lo raro, es que cada uno empezaba a cuidarse de lo que hablaba porque podía ser confundido como enemigo de la revolución y ser tomado preso, perjudicando también a su familia. 

 

Pasó el tiempo, las cosas fueron cambiando, el líder se convirtió en un gobernante vitalicio, ya que él tenía que cuidar los cambios que tanto habían costado. Los otros gobiernos lo habían aislado.

 

 Las empresas estatales se fueron empobreciendo por el mal manejo, la tecnología obsoleta. Había carencia de alimentos. Los medios de comunicación eran 100% gubernamentales. Los estudiantes protestaban y eran callados a balazos.

 

Se vivía un estado de emergencia permanente, se prohibieron las reuniones políticas.

 

Y nadie pudo soportar más…ya nadie le creía al gobernante…todos hablaban de dictadura.

 

A escondidas empezaron a reunirse los contrarios al líder, entre ellos antes fervorosos defensores.  Recibían apoyo del extranjero y también de la población.

 

Cuando eran descubiertos, en el mejor de los casos iban a la prisión y en otros, simplemente desaparecían.

 

Entonces aparecían nuevos líderes contrarios, que ni las balas de los militares, de las milicias, ni el Servicio de Inteligencia podían ya frenarlos. No interesaba morir, la libertad estaba por encima de todos.

 

Convocaron a una marcha, a una Gran Marcha, de todos los puntos del país llegaban a pie, en camiones, en caballos; no interesaba la represión, la muerte. El trabajo se paralizó  en todo el país.

 

Llegaron miles y miles, y la dictadura ya no podía controlar. El dictador y su corte, estaba asustados. Se empezaba a quedar solo, sus allegados se fugaban del país o se pasaban al otro bando.

 

Era un dictador , por lo tanto un cobarde, sin poder era nadie. Buscaba un país que le abriera las puertas, huir con su familia…sabía que quedándose lo esperaba en el mejor de los casos la cárcel.

 

Había sido previsor, tenía el dinero suficiente  para vivir holgadamente el resto de su vida, pero ya no tenía poder….LA GRAN MARCHA lo había derrotado.

 Todo lo descrito, es una historia repetida una y mil veces, e igual los pueblos latinoamericanos siguen creyendo en líderes que aparecen , en monigotes, en gorilas que hablan del cambio y se sienten los salvadores. 

¡LOA A LOS PAÍSES BANANEROS!   

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El enigma de los Inkas

jmurse1 | 09 Septiembre, 2007 08:20

Mágico Machu Picchu, que te hace sentir pequeño y al mismo tiempo, admirar su grandeza.

Te preguntas al verlo, cómo puede haberse construido, en qué condiciones, cómo pueden haber trasladado inmensas piedras y haberlas colocado sistemática y milimétricamente, qué gran arquitecto pudo haber concebido y desarrollado esa obra.  Quizás nunca lo sepamos y solamente nos queda admirar su belleza y grandiosidad; Machu Picchu es una prueba de que los Inkas eran una gran raza.Nuestros orígenes provienen de esa raza indomable, constructora, conquistadora…como se reconoce a los Inkas.  

 

Pero, lamentablemente con todo su poderío, su preparación a la guerra, fueron humillados por una banda de españoles.Cómo pudo darse eso. Se dice que estaban en guerra fratricida Atahualpa y Huáscar, y que de eso se aprovecharon. No es muy creíble que tan fácil, nos hubieran conquistado.

Los Inkas peleaban directamente, deben haber tenido una élite guerrera, generales líderes que llevaban al ejército inka a la victoria. Los españoles, amos del artilugio, de la estrategia vana, no dieron pelea de frente, no podían hacerlo. Llegaron como amigos, y dada la expectativa inka por nuevas cosas, animales raros, vestimentas diferentes; fueron engañados con todas las armas que podían esgrimir, incluida la religión (cuándo no…la religión).

Invitaron a los generales inkas a un gran festín, e hicieron lo más bajo, ruin..les dieron arsénico, su veneno; diezmando así al ejército inka, dejándoles sin sus lideres. Solamente de esa manera, lograron tomar prisionero al inka Atahualpa y hasta pedir un cuarto lleno de oro como rescate. Una enseñanza más que nos traen esos tiempos, es que los intereses del pueblo indio dominado y de la nobleza inka no eran los mismos.

Es probable que se haya vivido una dictadura y como tal, el pueblo no tenía mayor ánimo de defenderla y sin generales hábiles, lideres ..llegó el derrumbe.  Y los españoles, la banda de conquistadores, estaba lejos de aprovechar los conocimientos inkaikos, querían destruir todo…no dejar huella.  Quedan como enigmas, el avance arquitectónico, sus avances en medicina (trepanaciones de cráneo), sus logros en agricultura (andenes).

¡Qué otros conocimientos fueron desperdiciados por el vil e ignorante conquistador!  

Y no soy un antiespañol, sino que el hecho es que no llegaron las personas adecuadas. Y lo cierto es, que en nuestras venas corre sangre de los conquistadores.     

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El Ave Fénix

jmurse1 | 01 Septiembre, 2007 18:08

Se me ocurre pensar en el Ave Fénix … “de mis cenizas renaceré”, creyendo que Chincha, Pisco, Ica, El Carmen, Tambo de Mora, Cañete, Lunahuaná; van a convertirse cada uno de ellos en un Ave Fénix.

 Vi por la TV  una entrevista que hacían a pobladores de El Carmen y sentí que está muy lejana una derrota; al contrario va a surgir  un pueblo más hermoso, más pujante.     Ojalá que sirva para que el Estado inicie la reconstrucción en zonas menos peligrosas, que se aproveche para una mejor ubicación y en casas más sólidas y seguras.  

 

A seguir apoyando…   

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